Bueno, pues como iba diciendo, voy a contar la historia del San Jacobo... no sé yo la edad que tendría, creo que unos 1o años, cuando mi hermana y yo, fuimos a la casa de la prima hermana de mi padre. Un personaje que voy a describir de esta manera, solo miraba la tele para ver carreras de motos, quiso hacer la comunión vestida de vaquero y era bastante aficionada a levantar el codo... pero ante todo era muy buena chica... de ella guardo muy buenos recuerdos; me acuerdo que la primera pilila que vi, porque no era una polla era una pilila, la vi gracias a ella, (no peséis mal) un día que nos llevó a la feria nos compró dos muñecos bebes que tenían miembro, ahora creo que ya no fabrican muñecos con miembro... bueno si, pero no para niños... qué tiempos aquellos... bueno pues a lo que iba, de muñecos hablaré otro día. Estábamos viendo las carreras de motos y nos pregunto si queríamos merendar, porque había comprado algo muy bueno; mi hermana y yo dijimos que si. Al momento llegó a la habitación con dos cosas empanadas que mi hermana y yo no habíamos visto nunca, (es que mi madre era muy sosa para la comida) emocionadas por probar una cosa nueva y "moderna", le pegamos un mordisco esperando que fuera algo excepcional... pero no, aquello no resulto ser como esperábamos, estaba duro y frío, pero por no hacer un feo, el ridículo y quedar de ignorantes (como cuando ves un película que se supone que es buenísima pero no entiendes y por no quedar como un gilipollas dices que te ha molado mogollón y que es muy buena) pues por ese motivo cuando nos pregunto emocionada si nos había gustado, le dijimos que si. Al cabo de los años nos dimos cuenta que nos había dado los San jacobos crudos... pero sin mala fe, seguramente ella todavía se los comerá congelados.
Angelines seguramente nunca leerás este blog, pero que sepas, que lo que cuento, lo cuento con mucho cariño...

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